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Prepararnos para la reválida de Educación en Salud: aprendizajes y herramientas desde nuestra experiencia


Por las Lcdas. Maricarmen Rodríguez y Legna F. Fermaint


Tomar la decisión de presentarnos a la reválida de Educación en Salud no fue algo que inicialmente tuviéramos completamente definido. Al finalizar la maestría, cada una tenía sus propias dudas, responsabilidades y circunstancias. En el caso de Maricarmen, la intención inicial era considerar el examen posteriormente; sin embargo, una conversación con Legna y el compromiso de acompañarnos durante el proceso fueron determinantes para tomar la decisión de intentarlo en ese momento. Así comenzó una experiencia que, además de representar un reto académico, nos permitió reconocer la importancia de organizarnos, confiar en nuestra preparación y encontrar estrategias que se ajustaran a nuestra realidad.


Aunque nos apoyamos mutuamente durante el proceso, nuestra preparación fue individual. La distancia, el trabajo a tiempo completo y nuestros compromisos personales no nos permitieron sentarnos a estudiar o repasar juntas. Sin embargo, encontramos valor en saber que contábamos con alguien que estaba atravesando una experiencia similar, con quien podíamos compartir palabras de ánimo, conversar sobre el proceso y mantenernos motivadas. Esta experiencia nos confirmó que el acompañamiento puede ser muy valioso, pero que cada persona debe encontrar el método de preparación que mejor responda a su estilo de aprendizaje, su disponibilidad y su realidad personal.


Comenzar por organizarse


Uno de los primeros retos fue por dónde comenzar. La cantidad de información puede resultar abrumadora, por lo que entendimos que era necesario estructurar el proceso antes de entrar de lleno al estudio. Identificar temas, organizar las referencias y establecer prioridades nos permitió tener una visión más clara de lo que debíamos repasar.


No existe una única manera correcta de prepararse. Algunas personas pueden beneficiarse de estudiar individualmente, mientras que otras pueden preferir compartir el proceso con colegas. Algunas necesitarán bloques extensos de estudio y otras tendrán que aprovechar períodos más cortos durante el día. Lo importante es desarrollar una estrategia que sea realista y sostenible.


La preparación debe considerar la vida que existe alrededor del examen. El trabajo, las responsabilidades familiares y personales y otros compromisos no desaparecen porque estemos estudiando. En nuestro caso, fue necesario hacer un esfuerzo consciente para sacar espacios de tiempo para leer, analizar y practicar, aun cuando nuestros días ya estaban llenos de responsabilidades.


Estudiar desde las fuentes correctas


Otro aspecto relevante fue recopilar y revisar las referencias. Partimos de los conocimientos adquiridos durante nuestros cursos de maestría, pero también recurrimos a lecturas, guías, leyes, reglamentos y referencias actualizadas que nos permitieran ampliar y contextualizar lo aprendido.


Consideramos importante que la preparación no dependa únicamente de resúmenes de repaso o materiales secundarios. Estos pueden ser útiles como herramientas de repaso, pero es necesario acudir a las fuentes correspondientes para comprender el contenido, su contexto y su aplicación.


Más que acumular una gran cantidad de material, entendimos que era importante identificar cuáles eran las fuentes principales y dedicar tiempo a comprenderlas.


Más allá de memorizar: aprender a aplicar


Uno de los aprendizajes más importantes de nuestra preparación fue que estudiar no debe limitarse a memorizar conceptos. El verdadero reto está en poder reconocer cuándo, cómo y por qué aplicar aquello que hemos aprendido.


Mientras repasábamos, procurábamos trasladar la teoría a escenarios reales. Ante una situación determinada, nos preguntábamos qué conocimiento, teoría, técnica, método de evaluación u otro concepto aprendido correspondía aplicar. Este ejercicio nos ayudó a desarrollar el razonamiento necesario para analizar una situación y discernir cuál conocimiento era pertinente.


En otras palabras, no se trata solamente de preguntarnos “¿qué dice la teoría?”, sino también “¿cómo aplicaría este conocimiento ante una situación real?”


Esta forma de estudiar nos permitió conectar nuevamente el contenido académico con la realidad de la práctica profesional y comprender que el conocimiento adquiere mayor valor cuando podemos reconocer cómo utilizarlo.


Practicar también es parte de estudiar


La práctica mediante preguntas tipo selección múltiple fue otro componente importante de nuestra preparación. Utilizamos herramientas tecnológicas, incluyendo Inteligencia Artificial, como recurso complementario para generar preguntas y escenarios contextualizados que nos permitieran poner a prueba nuestra comprensión.


El propósito no era simplemente contestar para saber si habíamos acertado o fallado. Utilizábamos las preguntas para analizar los escenarios, discernir qué conocimiento era pertinente y evaluar cuál teoría, técnica, método de evaluación u otro concepto estudiado debía aplicarse.


La Inteligencia Artificial fue, en este sentido, una herramienta adicional para practicar y explorar diferentes escenarios. No sustituyó nuestras fuentes de estudio ni la revisión del material académico y profesional. Por el contrario, la utilizamos como una forma de poner a prueba lo aprendido, identificar áreas que necesitábamos reforzar y practicar el razonamiento necesario para responder.


Estudiar nos permitió adquirir y repasar conocimiento; practicar nos ayudó a reconocer cuándo y cómo utilizarlo.


Hacer espacio para estudiar, pero también para descansar


Prepararse para un examen de esta naturaleza requiere tiempo, pero también requiere reconocer nuestros propios límites. Ambas tuvimos que balancear la preparación con trabajo, responsabilidades y compromisos personales, lo que en determinados momentos representó un nivel considerable de estrés.


Por eso, entendimos que prepararse no significa estudiar sin descanso. Dormir adecuadamente, alimentarnos bien, tomar pausas y permitirnos desconectar mentalmente también forman parte del proceso.


Es fácil caer en la idea de que cada momento que no dedicamos al estudio es tiempo perdido. Sin embargo, el descanso también nos permite recuperar energía, mantener la concentración y continuar el proceso con mayor claridad.


Cuidar nuestra mentalidad durante el proceso


La preparación académica es importante, pero la manera en que enfrentamos el proceso también puede hacer una diferencia. Es natural experimentar dudas, ansiedad o inseguridad, especialmente cuando no sabemos qué resultado tendremos.


En nuestro caso, procuramos mantener una actitud positiva, sin convertir esa actitud en una exigencia de que necesariamente teníamos que aprobar. Prepararnos lo mejor posible estaba bajo nuestro control; el resultado final no lo estaba completamente.


Por eso, creemos que es importante evitar cargarnos con expectativas excesivas y recordar que cada persona tiene una realidad diferente. Algunas personas tomarán la reválida poco después de graduarse; otras necesitarán más tiempo, tendrán otras responsabilidades o decidirán presentarla nuevamente. Ninguna de estas circunstancias disminuye su capacidad ni el valor de su esfuerzo.


Prepararse también para el día del examen


La preparación no termina con haber estudiado el material. También puede ser útil familiarizarse con los aspectos logísticos que estarán presentes el día del examen. Conocer el lugar, planificar la ruta, organizar con anticipación lo necesario y procurar llegar con tiempo puede ayudarnos a reducir preocupaciones innecesarias.


En nuestro caso, incluso conocer previamente el lugar del examen y planificar la ruta fue parte de la preparación. Legna realizó el recorrido con anticipación para familiarizarse con el trayecto y luego compartió la información con Maricarmen.


Durante el examen, la práctica previa también nos ayudó a sentirnos más familiarizadas con el proceso de leer una pregunta, analizar un escenario y tomar una decisión. La preparación no eliminó completamente los nervios, pero sí nos permitió enfrentarlos con mayor tranquilidad y concentración.

Lo que nos llevamos de esta experiencia

Al mirar hacia atrás, reconocemos que una de las mejores decisiones fue atrevernos a intentarlo y aprovechar el conocimiento que todavía teníamos fresco de nuestra formación académica. También reconocemos que no existe una fórmula única para prepararse.


Nuestra experiencia nos enseñó que es importante:

• Organizar el proceso y establecer una estrategia realista.

• Utilizar fuentes confiables, pertinentes y actualizadas.

• Relacionar la teoría con escenarios de la práctica profesional.

• Practicar el análisis y el discernimiento, no solamente la memorización.

• Encontrar un método de estudio que se adapte a nuestra realidad.

• Cuidar el descanso, la alimentación y el bienestar mental durante la preparación.

• Confiar en el esfuerzo realizado sin permitir que el resultado defina nuestro valor profesional.

Finalmente, ambas aprobamos la reválida. Sin embargo, nuestra reflexión no se limita al resultado. Como expresó Legna al finalizar su experiencia, aun si el resultado hubiera sido diferente, la intención habría sido volver a intentarlo.


La reválida representa un reto importante, pero también puede convertirse en una oportunidad para reconocer cuánto hemos aprendido y cuánto somos capaces de aplicar. No todas las personas llegarán al examen por el mismo camino ni en el mismo momento. Lo importante es identificar el momento y las estrategias que funcionen para cada cual, prepararse con intención y hacer lo mejor posible con los recursos disponibles.


Nuestra experiencia nos reafirmó que prepararse para la reválida no significa solamente estudiar más; significa estudiar con propósito, aprender a aplicar lo aprendido, organizar nuestro tiempo y cuidar de nosotros mismos durante el proceso.



 
 
 

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